El Traje de la Novia

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Un vestido de novia o vestido de casamiento es la prenda utilizada por las novias durante la ceremonia de la boda. La importancia del color, del estilo y del ceremonial del vestido depende en gran medida de la religión y de la cultura de los contrayentes.

Desde tiempos inmemoriales, el vestido de novia tenía una gran importancia, pero a diferencia de hoy (o a semejanza, depende de la persona) representaba simbólicamente el poder económico y social de la familia de la novia.

el-traje-de-la-novia-7Historia y evolución

En la antigüedad, en Egipto y Grecia, la novia vestía una prenda de lino blanco de diferente longitud, adornado con perlas como símbolo de la circularidad de la vida. Además de esto, la novia se envolvía en un manto, mientras que como tocado utilizaba una corona de mirto, la flor sagrada de Afrodita, diosa del amor.

En la antigua Roma, la novia en el día de su boda usaba un vestido-túnica blanca, como un homenaje a Himeneo, dios de la fertilidad y del matrimonio. La túnica estaba cerrada por el nudo de Hércules, un nudo contra el mal de ojo y que sólo podía ser desatado por el novio, y se cubría con un manto de color azafrán.

En el siglo XIV, en Inglaterra, las novias no solían estrenar vestido para la ocasión, pero llevaban ramitas de romero en la mano, que simbolizaba el recuerdo y la fidelidad.

el-traje-de-la-novia-5Más a delante, en la Europa medieval, el vestido de novia (de aquellas que podían permitírselo) era típicamente rojo, como símbolo de amor ardiente y que propicia la fecundidad. Estaba elaborado con materiales nobles como el terciopelo, brocados y damascos y con decoraciones doradas, que representaban la realeza y el poder.

En el Renacimiento, en cambio, el color no era tan importante, ya que el traje sería usado posteriormente en otros eventos. Las novias se podían casar de cualquier color excepto negro (el color propio del luto) o el rojo (que estaba relacionado con las mujeres de vida fácil), pero sí continuaba siendo importante que el atuendo nupcial fuera bordado con piedras preciosas, perlas y diamantes; un poco más adelante se efectúa la imposición de corpiños que marcan las curvas de la mujer a la par que irrumpen su respiración.

el-traje-de-la-novia-1Alrededor de los años de 1700 se usaban mucho los colores pastel -originariamente, el azul era el color el que se relacionaba con la pureza-; muy al contrario del relacionado al significado de castidad que en ciertas culturas árabes se le atribuye a un tono aún más oscuro; las novias islámicas usan túnica negra como señal de pureza.

En el siglo XVII, marcado por profundas divisiones religiosas, las bodas se vuelven celebraciones más íntimas. Las familias invierten principalmente en la dote y la ropa, que se reutilizaba casi siempre después del matrimonio.

El siglo XVIII, en cambio, representa en la historia del traje el clímax de la elegancia. Después de la Revolución Francesa, Josefina Bonaparte lanza la línea llamada “Imperio”, un vestido de corte alto, por encima del corsé con la parte inferior de cintura alta que cae suavemente. Un modelo de vestido diseñado para poner de relieve no las caderas y el abdomen, sino el pecho, a la vez que se aparenta mayor altura. Actualmente, este tipo de vestidos sigue siendo uno de los preferidos de las novias.

el-traje-de-la-novia-8Posteriormente, en 1840, la reina Victoria le dio un giro a la moda y popularizó un estilo que lleva su mismo nombre, Victoriano, y que consiste en una blusa ajustada a la cintura y falda con larga cola. Ella rompió la tradición real con un vestido blanco en lugar de un vestido de color plata, utilizados hasta entonces en los matrimonios de los reyes y marcó la costumbre nupcial en el mundo occidental, que sigue manteniéndose hasta la actualidad. Pero según un análisis de los trajes a lo largo de los siglos, se habría confirmado que el primer vestido de novia blanco documentado es de la princesa Felipa, hija de Enrique IV de Inglaterra, quien se casó con Erik en Dinamarca en 1406, llevando una túnica y un manto de seda con los bordes de piel blanca de armiño.

Sin embargo, para 1890, la moral victoriana recrea la mujer modesta, piadosa y sumisa. El vestido de novia se hace eco de esta moral y representa la aceptación integral de estos valores a través de trajes de manga alta y cuello alto, recatados. Incluso las manos de la novia deben quedar cubiertas en público. La línea de la falda parece un embudo, dibujando una figura esbelta con un bajo acampanado. El velo pasa a ser obligatorio y se lleva prendido sobre complicados peinados.

Posteriormente, en el siglo XIX, el color blanco adquiere un nuevo significado: la Iglesia Católica, en 1854, reconoció el dogma de la Inmaculada Concepción y se convirtió el blanco, por lo tanto, en un símbolo de pureza. Durante el siglo XIX también se impone un estilo romántico en el vestido, dejando de lado a la ostentosidad de otras épocas anteriores donde las novias tenían que portar incómodas enaguas y aros para dar volumen al vestido.

Como vemos entonces, el color blanco es elegido porque simboliza la virginidad, expresa paz, felicidad, pureza e inocencia; la gloria y la inmortalidad. Sin embargo, hoy en día, además del blanco, el tono del vestido puede variar entre color crema, marfil o champán.

La Era Moderna

el-traje-de-la-novia-6En 1910 comienza la década del orientalismo y de los nuevos tiempos. Se desea romper con las líneas rígidas de la época victoriana, no sólo en las voluptuosas formas de los vestidos sino también en los tejidos, que se vuelven más ligeros, vaporosos y sugerentes, como el plumeti o el tul bordado.

La Belle Époque es una época de ostentación y extravagancia. La forma de los vestidos de novia de esta época busca realzar el busto y abultar la parte posterior de la falda. Además, el vestido de novia traza un cuerpo en forma de “S” gracias a unos ajustados corsés. Así pues, del atuendo artificioso del siglo anterior se pasa a una expresión del cuerpo femenino tal y como es en realidad.

La moda y las costumbres continúan evolucionando y la mujer de los años veinte es el claro ejemplo de una mujer moderna, chic, cosmopolita. Recordemos el look coqueto y desenfadado que instituye Coco Chanel cuando lanzó la primera novia con falda corta, aunque sin renunciar por ello a la tradición del velo y la cola. En el marco de los happy twenties se impone el estilo garçonne, que rechaza cualquier realce del busto o de la cintura. Sin embargo, la extrema simplicidad del vestido contrasta con los abundantes adornos (perlas, encajes de plata, pedrerías) que, de hecho, no son más que un intento de romper con la sobriedad de épocas anteriores. El velo sobrevive en los años veinte, incluso se alarga, hasta el punto de instaurarse la siguiente regla: “cuanto más corto el vestido, más largo el velo”.

Los vestidos de novia de los treinta, por otra parte, están marcados por los sofisticados trajes de noche de las actrices norteamericanas, con referentes como Marlene Dietrich y Greta Garbo. Frente a la novia ornamentada e historiada, triunfa la “novia sirena”, de trazos depurados y sin grandes abalorios. El predominio de la línea se hace patente también en los complementos: el velo, que hasta entonces había sido una pieza añadida, se integra en la silueta de la novia. Se imponen los velos de tul de seda, muy elegantes y vaporosos, con poco encaje, y que caen lánguidamente sobre la novia.

Y de la sofisticación de los treinta pasamos al glamour de los cuarenta. Aunque la realidad es que para la mayoría de las comunes mortales, la recesión económica de la época conlleva que pocas novias puedan acceder a un vestido especial para el día de su boda, por lo que muchas novias optan por casarse en traje de calle o por alquilarlo. Las novias provenientes de familias adineradas podían permitirse el lujo de un vestido de satén, como los que se pusieron de moda en un mundo sumido en la posguerra, pero en el que también el cine americano propone un look glamouroso en el que prevalece el artificio y el lujo. Triunfan entonces los vestidos de Rita Hayworth o Verónica Lake. La exageración pasa de los hombros a las mangas y vuelven las faldas anchas.

En consonancia con el espíritu escapista de la época, la pureza del satén se impone como materia reina, frente al traje de los cincuenta, con grandes faldas, entre los que destacan las creaciones de Christian Dior y una silueta de mujer muy femenina, de formas rotundas, cintura estrecha y falda acampanada.

La industria de la moda incita a las mujeres a reutilizar su traje como vestido de verano o coctel y se opta por materiales como la organza o el plumeti para los vestidos y el nailon para los velos. Ejemplo de este nuevo look es el vestido de novia de Grace Kelly de 1956.

Por su parte, la década de los sesenta es una época marcada por los movimientos sociales, lo que termina por reflejarse en la moda. Sin duda, estos años están impresos por la minifalda, y es en esta prenda en lo que se fijan las novias más modernas y transgresoras de la década que la lucen orgullosas el día de su boda: Mia Farrow en el año 66 luce un traje chaqueta de minifalda muy chic en su boda en Las Vegas con Frank Sinatra, Sharon Tate luce un cortísimo vestido con mangas de farol en su boda en el año 68 con Roman Polanski y Yoko Ono en el año 69 lleva para su boda con John Lennon un vestido mini siguiendo las tendencias de la época.

el-traje-de-la-novia-4La moda nupcial de los años sesenta supone el “revival” del vestido histórico que busca expresar la pureza virginal de la novia en vestidos de líneas depuradas y libres de ornamentación, que permiten centrar la mirada en la arquitectura del vestido. Triunfa de nuevo el vestido de novia de corte perfecto e inspiración clásica. Los velos son más bien cortos, compuestos de varias capas de poliéster.

A partir de los ochenta y más todavía los noventa, es decir, desde los albores del siglo XXI hasta la actualidad, los vestidos de novia denotan una inmensa versatilidad. La moda nupcial ha evolucionado al ritmo de la historia: de la suntuosidad se ha pasado a la simplicidad, al look natural, naïf, exento de la opresión causada por los corsés y de la ornamentación barroca.

Actualmente, podemos encontrar una amplia variedad de diseños que nos transportan desde épocas antiguas hasta las nuevas tendencias del 2013.

Hoy en día, inspirados en una mujer exigente y con estilo propio, tanto los trajes como los accesorios de novia incluyen una mezcla de moderno y clásico o también un estilo completamente vanguardista y transgresor.

La novia contemporánea sabe que más allá de la moda del momento, lo más importante es que el vestido de su elección la haga sentirse bien, de acuerdo con su personalidad y su figura. Es por eso que hoy en día los diseñadores ofrecen una gran variedad de posibilidades para que la novia elija el que más se ajuste a ella, que refleje su personalidad y sus gustos, desde los vestidos más vanguardistas hasta los clásicos renovados, conjugados con accesorios y detalles que hacen que el atuendo nupcial sea algo realmente especial.

Desde un look victoriano, que actualmente son representados como salidos de cuentos de hadas, conservan los materiales y texturas básicas del siglo XIX, pero con siluetas que se ajustan más al estándar de la novia actual, a un vestido vanguardista, un estilo romántico o un modelo glamoroso.

Así como algunas novias del siglo XXI se inclinan por los diseños juveniles y muy seductores que resultan de vestidos con cuerpos muy entallados, faldas con cortes asimétricos y superposiciones de distintos tejidos colocados con exquisito gusto… otras por su parte, adoran el vintage.

En realidad, hoy en día se da importancia a las telas de lujo, los colores pasteles y los diseños más favorecedores. La elegancia, pues, no está tanto en el lujo del vestido sino en la calidad de los tejidos, en el corte y en el diseño. En cuanto al estilo, el límite es tu imaginación y la única regla es ser tú misma y sentirte como reina en el día más importante de tu vida.

el-traje-de-la-novia-3La tradición oriental

China
Muchos de los vestidos de boda en China son de color rojo, el color tradicional de la buena suerte. Sin embargo, en las bodas chinas modernas, particularmente las celebradas en países occidentales, la novia opta por el vestido occidental blanco o cambia generalmente de un vestido rojo a un vestido blanco a lo largo del día.

India
En algunas partes del norte de India, el color tradicional de la ropa de boda de las mujeres es rojo, un color que significa prosperidad, aunque hoy en día muchas mujeres optan por otro tipo de colores. Las bodas indias del sur utilizan tradicionalmente el color blanco o saris de color crema. Las novias indias en países occidentales utilizan el sari en la ceremonia de boda y cambian a menudo a ropa tradicional india después (como lehnga, choli, etcétera). En el siglo XV los vestidos eran morados.el-traje-de-la-novia-2

FUENTES:
http://archivo.univision.com
http://www.virtualbodas.com
http://kerchak.com/el-vestido-de-novia-a-traves-de-los-tiempos
http://blog.bdeblanca.com
http://es.wikipedia.org/wiki/Vestido_de_novia

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