El invencible reinado del encaje

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La historia del encaje se confunde con la del bordado. El encaje es, a diferencia del bordado, un tejido que no se soporta sobre otro. Es decir, el hilo que forma el dibujo del encaje es a su vez el hilo del tejido que forma la totalidad del encaje.

el-invencible-reinado-del-encajeUn encaje puede ser grueso o fino, según sea el hilo utilizado; y sencillo o complicado, según el número de pasadas y la cantidad de hilo que precise el dibujo elegido. Así, vemos que existen encajes sencillos de red junto a otros con complicados dibujos florales, cuyo diseño necesita horas de elaboración, sea a mano o a máquina. Su valor dependerá de todos estos factores.

El origen del encaje es bastante incierto, lo que se sabe es que el encaje de aguja deriva del bordado y el encaje de bolillo del tejido. La técnica del tejido es bastante antigua, de hecho se han encontrado restos en los trajes ceremoniales egipcios, especialmente de las últimas dinastías. Los asirios, en cambio, fueron aficionados a los bordados en franjas y adornos de toda clase, atribuyéndoseles a ellos el origen de la pasamanería, que luego pasa a los persas, de estos a los árabes y por su intermedio a España.

Para el siglo XIV, en España ya se ejercitaban las labores de encaje de aguja y al bolillo en varias poblaciones de la Península Ibérica; de hecho es en este siglo que aparece en los archivos el nombre encaje. Sin embargo, los italianos aseguran que este arte pasó a Italia en los tiempos en que los egipcios fueron colonia romana y desde hace siglos se han disputado su paternidad.

En todo caso, el extraordinario y creciente uso que se hacía de estas manufacturas en los siglos XVI y XVII para golas o gorgueras, cuellos, vuelillos en las bocamangas, cortinajes, etc., contribuyó grandemente al desarrollo de esta industria y a que se fundaran centros muy activos de la misma durante dichos siglos en toda Europa, sobre todo en Italia, Francia, Estados flamencos, Inglaterra y España.De aquí se originaron gran variedad de puntos.

España posee encajes autóctonos tanto de aguja como a bolillo. Por ejemplo: el frisado de Valladolid, el encaje autóctono de Castilla, elaborado a la aguja con hilos metálicos en oro y plata. Por su finura y delicadez, estos encajes eran muy cotizados en las Cortes españolas.

Otro tipo de encaje a la aguja es el denominado soles, y de este existe una variedad dependiendo la región geográfica en donde se los elabore; los salmantinos, cacereños, Tenerife, Cataluña… estos se utilizan sobre todo para prendas de vestuario como camisas, interiores y lencería del hogar.

Se llama blonda al encaje de seda (del francés blond, rubio) pues en los comienzos de su confección en Francia, solía tener color amarillo.

En España también se utilizaron los encajes numéricos hechos de 12 bolillos o puntas de cinta. Se distinguen los de Talavera de la Reina (siendo los más suntuosos), el numérico catalán, que se realizaba con hilo de lino utilizado para caporales litúrgicos, puños, cuellos, vuelos y ajuares de novia; y, en numérico extremeño, conocido también como brujo o de la bruja, utilizado para vesti- menta femenina y cortinajes.

La fastuosidad del encaje

El invencible reinado del encajeEl encaje ha sido uno de los elementos indicadores del estatus social en toda época, siendo signo de riqueza, jerarquía y poder. De ahí que era utilizado solamente por reyes, nobles y personajes de la alta burguesía. Con la llegada del Renacimiento y el Barroco, se intensifica su uso en la indumentaria de la monarquía española, trasladándose también a la de Versalles (Francia) así como a las demás cortes europeas.

Para 1650, la ciudad de Venecia (Italia), se convierte en la reina del punto de aguja, o punto de Venecia propiamente dicho. El alto costo de estos encajes hace que en Francia se promulgue una ley: “Les Manufactures Royales du Point de France”, para promover la creación de centros de elaboración de “dentelles” (encajes) y, así, surgen estilos propios en varias regiones francesas; los más conocidos: la dentelle de Chantilly, la dentelle de Alençon, de Cluny, la Blonde de Caen, etc.

A partir de la dinastía de los borbones, se acentúa la influencia del estilo francés en el mundo del encaje. España está para entonces fuertemente influenciada por los estilos italianos y franceses, por lo que el Rey hispánico, Felipe V, decide proteger el encaje español, promulgando a su vez una ley que prohíbe el uso de encajes extranjeros.

En el siglo XVII, el oficio de encajera adquiere mucha importancia y se desarrolla por toda Europa. La prosperidad económica de Flandes (Países Bajos), donde abunda el lino, importante materia prima para elaborar finos encajes, propicia la creación de estilos propios, entre los que destaca el punto de Flandes o punto de Inglaterra.

La especialización de los centros europeos es la característica de este siglo, es así que en Bélgica surge la gasa de Bruselas realizada a la aguja y el encaje denominado Duquesa Clásica de Brujas. En definitiva, muy tempranamente el encaje se convierte en un producto mercantil, España, que en un principio fue el centro de exportación hacia Flandes, Francia e Italia, pierde su jerarquía en estos países, pero posteriormente lo introduce en América.

En 1809, el inglés John Heathcoat diseña una máquina capaz de crear un fondo similar al tul manual y que constituiría el punto base de muchos encajes manuales. Pocos años más tarde (1830), Josep Leavers inventó una máquina que permitía crear un tul mecánico añadiéndole a su vez los motivos que se quisiera.

Para el siglo XX y el encaje de bolillo, poco a poco, sin perder su importancia como arte suntuario, queda relegado al de producción industrial y las encajeras, que hasta mitad del siglo XIX habían contribuido con su confección y venta a la economía familiar, empiezan a desaparecer y en el mejor de los casos su labor queda confinada al ámbito del hogar.

Los hilos preferidos para los encajes son siempre los de seda y lino por su finura y resistencia, y sólo para encajes o puntillas muy vulgares se hace uso del algodón o equivalente.

El guipur

La denominación guipur no está relacionada con un tipo de encaje en particular, sino que es utilizado para indicar los tipos de encaje pesados y anchos sin fondos o enrejados específicos; es decir, es un tipo de encaje duradero que se suele utilizar para la creación de mantelería y de vestidos.

El término guipur aparece por primera vez en la literatura inglesa alrededor del año 1862. Incluso Víctor Hugo hace referencia a él en su obra ‘Los miserables’: “Dio a Cosette un vestido en encaje de guipur de Binche, que había pertenecido a su abuela…”.

El encaje y las novias

El invencible reinado del encajeSea cual sea la inspiración y la época en la que se enmarque un vestido de novia hay un tejido que siempre ha estado ahí, como protagonista estelar o en forma de secundario de lujo. El encaje, con sus sutiles transparencias, sus delicados dibujos y sus finísimas tramas, encaja a la perfección con el carácter romántico y femenino que busca cualquier novia.

El encaje es, sin duda, el tejido por excelencia, para las novias más tradicionales y románticas. Una característica que tiene el encaje es de darle al traje de novia un aire vintage muy particular. Las pasarelas y los diseñadores actuales se han dejado impregnar por esta tendencia que evoca delicadeza y romanticismo, en uno de los días más especiales de la vida de cualquier mujer. Sin embargo, a veces es difícil encontrar el punto justo, la caída exacta, la textura precisa entre la ligereza y el exceso de ornamentación.

Si te gusta el encaje y quieres lucirlo en tu boda, aquí tienes algunas ideas que te pueden servir de inspiración. Como lo explicamos antes, existe una gran variedad de tipos de encaje, y normalmente suelen clasificarse según su manera de elaboración:

•Encajes de aguja. Este tipo de encaje se realiza completamente a mano utilizando tan solo agujas o ganchos. Son muy laboriosos y exquisitos, entre este tipo de encajes podemos destacar el encaje de Venecia, el de Bruselas o el Alençon.

• Encajes de bolillo. Se trata de un tipo de encaje de elaboración tradicional y artesanal. Seguro que habéis visto en el pueblo a las abuelitas haciendo encaje de bolillos. Para realizar este tipo de encaje se necesita una almohadilla, bolillos, alfileres, hebras de fibra vegetal y una plantilla de cartón con el diseño que se quiere realizar. Dentro de este tipo de encaje encontramos el Valencienne o el Chantilly.

• Encajes hechos a máquina. Se realizan en telares y existen diferentes técnicas. Sin duda, se trata de los más económicos, aunque no por ello son menos bonitos.

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